Los proyectos siempre comienzan de la misma manera: con una idea que aparece de sorpresa, que uno no busca, que uno no espera. El siguiente paso de un proyecto suele ser igual en la mayoría de los casos: darle forma, llenarlo de preguntas, hipótesis y teorías para, finalmente, aprobarlo o no, y así llevarlo a cabo o desecharlo en el olvido, donde están aquellas anécdotas que se cuentan entre íntimos amigos o que aparecen cuando estamos con el hombre que tenemos más cerca: uno mismo.
Y de eso se trata esta vida, y este blog. Soy un Homo sapiens sapiens, al que le gustan los proyectos, especialmente aquellos que llegan por sorpresa, y que pretende inmortalizarlos de forma escrita para que puedan disfrutarse una y otra vez, captando lo mejor de cada texto y, hasta quizá, llegar a obtener un aprendizaje para la vida.
Aquí te cuento mi primer proyecto: NACER. Lo que más me gusta de esta empresa que comencé hace bastantes años, es que nunca lo planifiqué. Solo nací. Solo aparecí. Solo llegué. Y no me quedó otra opción que la de vivir, y no me arrepiento de nada, absolutamente nada.
Comencé a vivir (o a morir, depende con qué estado de animo se cuente) un día de mucho frío, a primeras horas de la mañana, un día que no vio el Sol. Y en esta génesis se encuentra lo que más amo: el frío, que es también una forma de vivir: soy frío: digo las peores noticias sin que se me mueva ni un pelo, por ejemplo.
Y no me olvido de mi niñez, que tanto me fascinó. Compartiendo y creciendo con los de mi misma edad, he conocido a las mejores personas, pero de las cuales solo una me acompañó por un tiempo más. Una persona por la que llegué a hacer locuras. Las vueltas de la vida.
Llegar a la adolescencia no fue un camino de rosas. Muchos errores me acompañaron y aún me acompañan. Pienso en la imperfección de todos los que pisamos esta tierra, y me pregunto, sin encontrar respuestas: ¿Los imperfectos seremos los raros, o lo serán los perfectos? Nosotros tenemos el gustito de ser imperfectos, de mandarnos cada macana y la de arrepentirnos o no.
Con la adolescencia llega una etapa que estoy a pocos días de culminar: la del secundario. Seis años que sirvieron para formar mi carácter, para defender con sólidos fundamentos mi posición moral.
Para todos lo que ya transitaron la etapa del secundario, sabrán que no es para nada fácil, porque comienza en una edad en la que tratamos de encontrarnos a nosotros mismos, descubriendo los avances que realiza el cuerpo, los cambios hormonales y de pensamiento, etc.
Tarea difícil la de encontrarnos cara a cara con el secundario. Primero, porque es el momento en el que uno decide por primera vez que espera de su futuro. Dejamos atrás el sueño de ser bombero, astronauta, veterinario, etc. para plantearnos una realidad más fuerte. Muchos siguen con los sueños que de niño encubaron, otros la piensan más y cambian la decisión, pero al final de cuentas, todos deberíamos optar por lo mejor, por un futuro en el que nos desempeñemos en los que más nos gusta, para así no tener que trabajar nunca, como dicen las frases.
Y como no tengo más etapas todavía, me retiro hasta aquí, dejando inaugurado este blog, que espero, les guste y resulte útil.
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